La Voz de Galicia

Ferrol

LA MIRILLA

Surfistas con alas en Esmelle

Autor: Beatriz Antón

Fecha 14/9/2007

Nos pongamos como nos pongamos -y aunque no lo queramos aceptar-, el verano agoniza. Termina. Se nos va. Menos mal que los hados nos han querido obsequiar con un septiembre espléndido, en el que todavía es posible disfrutar del sol en alguno de los muchos paraísos de arena y agua salada que tenemos en esta comarca. Uno de esos edenes -el arenal de Esmelle (la mejor playa del mundo, según mi madre)- se ha convertido en refugio de unos surfistas que no sólo cabalgan sobre las olas, sino que también consiguen volar sobre ellas como si tuvieran alas. Me refiero al puñado de apasionados de los deportes de riesgo -no llegan a diez en Ferrol- que, de un tiempo a esta parte, han conseguido introducir en la comarca una práctica muy común en lugares como Tarifa , pero que aquí cuenta todavía con muy pocos adeptos: el kitesurf . ¿Que qué es eso?, se preguntarán ustedes. Pues una modalidad de navegación que consiste en deslizarse sobre el mar sobre una tabla y con la ayuda de una cometa. Iñaki Aldecoa -uno de los pioneros ferrolanos de esta práctica junto a aficionados como Santiago Díaz , los hermanos Alejandro , Álvaro y Jorge Rodríguez , Luis Taboada o Emilio Souto - asegura que Esmelle se ha convertido en la meca de los kitesurfistas locales, pero también de coruñeses, franceses y alemanes. Y aún más en días como estos, en los que Eolo se ha hecho dueño de la playa. «Con este viento del nordeste las condiciones son inmejorables», asegura Iñaki.

Llegados a este punto, me asaltan muchas dudas sobre el tema. ¿Será muy complicado esto del kitesurf? Alejandro Rodríguez, alias Sputnik -otro de los enamorados de esta disciplina-, asegura que el lobo no es tan fiero como lo pintan. «En mi opinión, el kitesurf es un deporte muy fácil de aprender, sea cual sea la edad, y además es muy cómodo: las tablas ocupan y pesan menos que las de wind y las cometas se pueden plegar y acomodar en cualquier sitio», me explica este joven fascinado por volar sobre las olas. Tal vez eso explique que ni a él ni a sus compañeros les haya hecho falta un profesor para aprender a hacer kitesurf. «Todos los aficionados de Ferrol lo hemos aprendido solos, a base de practicar y practicar», dice Iñaki Aldecoa. Eso sí, tanto él como Alejandro llaman a la prudencia. «A veces -advierte este último- el kite puede ser peligroso; la fuerza del viento es muy difícil de controlar». Con olas es más divertido. Segunda duda: ¿Es mejor que el mar esté como un plato o que haya olas? Alejandro lo tiene claro: «Para mí, el kitesurf es mucho más divertido cuando hay olas, porque los saltos no sólo son más altos, sino que, además, cuando bajas, también puedes surfear». Aunque para aprender, me explica a renglón seguido, es preferible un mar sin ondas. Me están entrando ganas de probar, aunque no sé si me lo podré permitir. ¿Será caro el equipo? Aldecoa, que está puestísimo en esto del kitesurf -no en vano fue de los primeros que lo practicó en Ferrol, junto a Luis Taboada -, me saca de dudas. Los equipos se compran en A Coruña o por Internet y pueden llegar a suponer un desembolso de 1.700 euros. «Las cometas están entre 900 y 1.200 euros, y las tablas, entre 300 y 500», me explica el muy bien informado Iñaki. ¡Atiza! Pues voy a tener que ahorrar.

Llega la la despedida y me entra una última duda: ¿Tendrá esta tribu un saludo propio? Alejandro Sputnik dice que sí: «No se trata exactamente de un saludo, pero sí es algo que sólo comprenden los kitesurfistas : cuando se pasan la mano dos veces por la cabeza significa que quieren que un compañero les ayude a bajar la cometa». Además, poseen una imagen propia: les gusta llevar el bañador por encima del traje de neopreno. Increíble.