Cerca
de 60 jinetes participaron ayer en una iniciativa pionera en Esmelle, que
consistió en la realización de una ruta por casi la totalidad de los molinos
existentes en esta parroquia y el castro además del aula ambiental de Mougá y
el mirador de Pedrouzo.
Carmela
López / Ferrol
Combinar
espectáculo con patrimonio es difícil, pero a tenor de lo ocurrido ayer en
Esmelle, no imposible. Organizado por la Asociación de Vecinos de esta
parroquia ferrolana, la cantina del local de la entidad y el Proxecto Esmelle,
se celebró la primera concentración de caballos del Val de Esmelle, una
actividad que consistió en la realización de una ruta de más de 15 kilometros
y que incluyó un recorrido por los molinos existentes en Esmelle un total de
22, el castro de esta parroquia ferrolana, el aula ambiental de Mougá y el
mirador de Pedrouzo.
Como
explicó uno de los integrantes del Proxecto Esmelle, Manuel Lorenzo Ramos, la
iniciativa resultó un éxito, ya que, entre otras cosas, se superaron
ampliamente las expectativas de participación, siendo finalmente 57 los
jinetes, hombres y mujeres de todas las edades, además de tres niños menores
de diez años, que se inscribieron para efectuar la ruta, la más larga de las
existentes.
Procedencia
> La procedencia de los participantes también sorprendió a la organización,
puesto que a los jinetes de Esmelle que tomaron parte en esta actividad se
sumaron muchos otros llegados de diversos puntos del municipio y de la comarca,
como Serantes, Doniños, San Xurxo, Valón, Vilasanche, Mugardos, O Val o la
ciudad departamental.
Después
de inscribirse, los participantes, guiados por un jinete de la parroquia,
comenzaron el recorrido, que se inició con cierto retraso dada la alta
participación, estructurándolo en dos partes. Se trata de un modo más de dar
a conocer esta ruta, de casi 16 kilómetros , manifestó Lorenzo Ramos, que
reconoció el trabajo realizado por todos los organizadores, incluidos los
responsables de la cantina del local social de Esmelle, para poder desarrollar
esta actividad.
Acompañados por el buen tiempo, jinetes y caballos regresaron al punto de partida el local, para disfrutar de unos pinchos ofrecidos precisamente por la cantina. Aunque la fiesta se prolongó durante varias horas más, antes de su finalización se entregaron camisetas y diplomas a todos los asistentes y cinco trofeos decididos por la organización, además de un cuento a los niños.